Finca La Emperatriz: enoturismo por descubrir en el corazón de Rioja Alta

La finca refuerza su propuesta enoturística poniendo el foco en experiencias únicas entre viñedos, gastronomía tradicional riojana y catas al aire libre.

Hay lugares que no se explican, se descubren. Finca La Emperatriz es uno de esos destinos que sorprenden al cruzar sus puertas: una joya escondida en pleno corazón de Rioja Alta donde todo sucede de otra manera. Lo que desde fuera es simplemente una finca histórica —propiedad en su día de Eugenia de Montijo, última Emperatriz de Francia— se revela, una vez dentro, como un paisaje abierto, sereno y profundamente evocador. Un lugar donde el viñedo marca el ritmo y donde el enoturismo se vive diferente: más íntimo, más auténtico, más conectado con el entorno.

Desde que la familia Hernáiz recuperara la propiedad en 1996 y abriera sus puertas al visitante en 2016, Finca La Emperatriz ha construido una propuesta enoturística diferente: más ligada al territorio, más experiencial y pensada para vivir la finca desde dentro, lejos de lo convencional.La finca como experiencia: viñedo, gastronomía y calma.

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En Finca La Emperatriz, la experiencia comienza en el viñedo. La visita guiada con almuerzo tradicional riojano es, probablemente, la mejor forma de entender el alma del lugar.

Un paseo a pie entre cepas permite descubrir la singularidad de esta finca histórica y comprender cómo el viñedo define cada vino. Pero también es una invitación a bajar el ritmo, a observar, a dejarse envolver por el paisaje. La experiencia continúa en la mesa, con una propuesta gastronómica que rinde homenaje a la tradición riojana. Platos de raíz, elaborados con producto local y de temporada, pensados para compartir y acompañar los vinos de la finca en un entorno que respira historia.

Un plan que combina lo esencial: paisaje, vino y cocina, y que convierte la visita en un recuerdo difícil de olvidar. Catas en el jardín: el placer de lo sencillo. Si hay un lugar que resume el espíritu de la finca, es su jardín. Rodeado de viñedo, este espacio se ha convertido en uno de los rincones más especiales para disfrutar del vino de forma relajada.

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Las catas al aire libre invitan a descubrir diferentes referencias de la bodega en un ambiente distendido, acompañadas de una cuidada selección gastronómica. Aquí no hay prisa: el vino se disfruta sin reloj, en buena compañía y con la sensación de estar en un lugar privilegiado. No es casualidad que este espacio haya sido reconocido con un Solete de la Guía Repsol, convirtiéndose en uno de los imprescindibles para quienes buscan un plan diferente.

Dormir en la finca: desconectar para conectar

Para quienes desean ir un paso más allá, Finca La Emperatriz ofrece la posibilidad de alojarse en sus villas, antiguas casas de trabajadores cuidadosamente restauradas. Ubicadas a pie de viñedo y con vistas abiertas a las sierras de Cantabria y la Demanda, estas villas combinan la esencia de la arquitectura tradicional riojana con el confort contemporáneo. Espacios acogedores, silenciosos y llenos de carácter, pensados para desconectar del mundo exterior y conectar con el entorno. Desde sus terrazas y jardines privados, además, es posible contemplar el atardecer sobre el viñedo, uno de esos momentos que definen la experiencia de la finca.

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Despertar entre viñas, disfrutar del silencio o alargar la sobremesa sin mirar el reloj forman parte de una experiencia que trasciende la visita y convierte la estancia en algo verdaderamente especial. Un lugar que se siente alejado de todo, pero en el centro de todo: a apenas 30 minutos de Logroño, 20 de Ezcaray, 10 de Haro y a una hora de ciudades como Bilbao o Burgos.

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