Pionera del turismo rural de bienestar en Castilla-La Mancha, Ana Bedoya lleva tres décadas tomando el pulso a nuestra forma de viajar y desconectar, siendo testigo de cómo el autocuidado ha dejado de ser un lujo para convertirse en una necesidad. Briocense, licenciada en Turismo y con experiencia en hotelería internacional de alta gama, regresó a su pueblo natal para desarrollar un concepto entonces poco habitual: un pequeño hotel concebido para bajar el ritmo, donde las terapias orientales conviven con los productos y el paisaje de La Alcarria. Hoy, desde Hotel Spa Niwa, propone afrontar la rentrée de otra manera: dosificarse, prolongar los buenos hábitos del verano y sobre todo, no esperar a estar agotados para empezar a cuidarnos.
Después de tantos años recibiendo huéspedes… ¿cómo sabes que una persona necesita parar incluso antes de que ella misma sea consciente?
Se nota nada más entrar. Llegan acelerados, estresados, con el cansancio reflejado en la cara, y muchas veces lo primero que dicen es: «¡Por fin aquí!». Cuando empiezan a relajarse, les cambia hasta la expresión. Muchos nos dicen que hay un antes y un después de una escapada a Niwa.
¿Cuál es uno de los grandes errores que cometemos al volver de vacaciones?
Pretender recuperar de golpe horarios, obligaciones y rutinas. No somos máquinas. Pasamos del descanso a querer funcionar al cien por cien de un día para otro, cuando necesitamos un periodo de adaptación. Hay que dosificarse y volver poco a poco. Las prisas nunca fueron buenas.

¿Qué deberíamos conservar de nuestra forma de vivir durante las vacaciones?
Sobre todo, otra manera de tomarnos las cosas. Dormir más cuando podamos, caminar, pasar tiempo al aire libre, comer sin tantas prisas, leer, dejar el móvil para lo imprescindible y permitirnos momentos en los que no hacer nada. No podemos seguir de vacaciones todo el año, pero sí evitar perder de golpe todo aquello que nos hacía sentir bien.
¿Por qué esperamos tantas veces a estar agotados —o incluso enfermos— para empezar a cuidarnos?
Porque vivimos convencidos de que no podemos ni debemos parar, que nunca nos va a pasar nada y que hay que llegar a todo sea como sea. Seguimos cumpliendo con todo hasta que el cuerpo termina poniendo el límite. Y muchas veces es entonces cuando comprendemos que deberíamos haberlo hecho antes. Hemos aprendido a no aplazar nuestras obligaciones, pero seguimos aplazando nuestro bienestar. Deberíamos reservarnos tiempo con la misma importancia con la que atendemos todo lo demás.
¿Una escapada de apenas 24 o 48 horas puede cambiar realmente cómo nos sentimos?
Por supuesto. Incluso unas horas pueden cambiarte el día. No hace falta tener una semana libre ni esperar al siguiente puente. Cambiar de escenario, salir de la ciudad, dormir bien, respirar, recuperar el silencio y dejar que te cuiden ayuda muchísimo a desconectar. Estar a una hora de Madrid nos permite ofrecer también escapadas de día, sin alojamiento, combinando spa, masaje, jardín y un paseo por Brihuega.

Si alguien llega a Niwa completamente agotado, ¿qué le recomiendas?
Que escuche lo que le pide el cuerpo. Que deje las cosas en la habitación, apague el móvil y no se imponga ninguna obligación. Aquí no hace falta llenar la agenda. Todo lo contrario: menos es más.
El spa es la antesala ideal del masaje. ¿Por qué?
Porque ayuda a bajar revoluciones y prepara el cuerpo para el tratamiento posterior. La combinación de agua, calor y frío permite empezar a liberar tensión antes de ponerse en manos de la terapeuta. Nuestro circuito cuenta con piscina interior climatizada, sauna, baño turco, duchas de contraste e hidromasaje, para un ritual spa completo.
Los masajes son uno de los grandes sellos de Niwa. ¿Qué los diferencia?
Desde el principio quisimos trabajar con auténticas terapias orientales y terapeutas nativas filipinas. Fuimos pioneros en traer esta filosofía a la provincia y ellas forman parte esencial de Niwa. Tenemos una carta muy amplia porque cada persona llega de una manera y busca algo diferente: relajarse, aliviar tensiones, descubrir otra técnica o, sencillamente, dejarse cuidar. Entre nuestros tratamientos están el Hilot filipino, el Shiatsu o las pindas aromáticas, junto a rituales que unen Oriente con La Alcarria utilizando productos de nuestra tierra como la miel, la lavanda, el espliego o el lavandín.

Si tuvieras que recomendar un masaje para afrontar la rentrée, ¿cuál elegirías?
No existe el masaje perfecto para todo el mundo. Depende de cómo llegues, de lo que necesites y también de tus gustos. Hay quien prefiere un masaje intenso y quien busca justo lo contrario. Lo mejor es explicárselo a la terapeuta y dejarse aconsejar. Lo importante es que ese tiempo sea verdaderamente tuyo.
¿Qué tiene la vida de pueblo que ayuda tanto a bajar el ritmo?
Otro tempo. Puedes caminar, respirar, escuchar el silencio, estar cerca de la naturaleza y vivir con menos estímulos. En la ciudad parece que nunca hay suficientes horas; aquí sales a pasear por Brihuega y la percepción cambia. Recuperar, aunque solo sea durante unas horas, esa forma más pausada de vivir, sienta muy bien.

Y después del verano hay algo más que todos queremos conservar: el bronceado. ¿Algún consejo?
Más que obsesionarnos con prolongarlo, hay que cuidar una piel que viene de semanas de sol, calor, playa y piscina. Una buena exfoliación e hidratación ayudan a devolverle confort y luminosidad. En Niwa tenemos tratamientos específicos, como Capricho de Tahití o el masaje de miel, y mientras el tiempo acompañe, nuestro jardín y solárium permiten seguir disfrutando del aire libre y de los últimos días agradables, siempre con una exposición responsable.
Después de treinta años dedicada al turismo, ¿qué significa hoy para ti el verdadero lujo?
Priorizarte. Hacer lo que realmente te apetece. Que nadie te moleste. Tener tiempo, bajar el ritmo, escuchar el silencio y no sentir que debes estar haciendo algo constantemente. El lujo no consiste necesariamente en viajar muy lejos ni en llenar los días de planes. A veces consiste precisamente en poder hacer menos.

¿Cómo resumirías el espíritu de Niwa?
Niwa significa «jardín» en japonés. Y eso es lo que siempre hemos querido crear: un lugar donde dejar fuera el ruido, dejarse cuidar y volver a sentirse bien.




